— cuaderno · viajes · verona · septiembre 2026
verona.
una ciudad construida en mármol.
Verona es la sede de Marmomac, la gran feria internacional de la piedra. Pero quien vaya solo al recinto ferial se pierde lo mejor: una ciudad entera hecha con la piedra de sus montañas. Esta es mi guía para un arquitecto con un día libre entre stand y stand.
texto y fotos: Ray Ródenas, arquitecto · septiembre 2026

empezar desde arriba: castel san pietro.
Cruza el Adigio por el Ponte Pietra y sube a Castel San Pietro, mejor al atardecer. Desde allí se entiende la ciudad: el meandro del río, los campanarios de ladrillo, las cubiertas de teja y, entre ellas, el blanco y el rosa de la piedra. Hay funicular, pero las escaleras merecen la pena.


Bajando están el Teatro Romano y el museo arqueológico, en un antiguo convento con claustro. Sus mosaicos y lápidas son una lección de cómo se trabajaba la piedra hace dos mil años: teselas de mármol blanco, negro y rojo formando geometrías que hoy firmaría cualquier estudio.




el rojo de verona.
La piedra que define la ciudad es el rosso Verona, una caliza nodular rojiza de las canteras de la Valpolicella, a pocos kilómetros. Está en todas partes: zócalos, peldaños, marcos de ventana, columnas y pavimentos. Y no es un rojo plano: va del salmón al rojo ladrillo, con nódulos más claros.
La Scala della Ragione, en el Cortile Mercato Vecchio, es la mejor lección: una escalera exterior del siglo XV con peldaños de mármol rojo gastados por cinco siglos de uso. Junto a ella, la Torre dei Lamberti alterna bandas de ladrillo y piedra, y en el mismo entorno una intervención contemporánea en acero corten convive con los muros medievales sin pedir perdón. Ese diálogo entre lo antiguo y lo nuevo es el que más nos interesa.




caminar mirando al suelo.
En Verona hay que caminar mirando al suelo. En portales y patios aparecen pavimentos de fragmentos de mármol de colores, a la palladiana, con bandas de piedra que ordenan el dibujo. Y los marcos de las ventanas son piezas talladas que cualquier carpintería envidiaría. Son lecciones de despiece y de detalle que se pueden llevar directamente a un proyecto.



Y el suelo también está dentro: en los zaguanes, mármoles rotos que la luz de la reja dibuja; en las bodegas, escaleras de piedra gastadas por siglos de pasos.


la ciudad, sin prisa.
Piazza delle Erbe y Piazza dei Signori, con sus palacios y sus bancos de piedra. Las Arche Scaligere, las tumbas góticas de los Scala tras su reja de hierro forjado. La Arena, el anfiteatro romano del siglo I levantado con caliza rosada de la Valpolicella. Y entre medias, callejones de fachadas ocres, puertas verdes enmarcadas en piedra y soportales con trattoria.








Para acabar el día, un spritz en una terraza, sobre una mesa de mármol verde. Hasta ahí llega la piedra en Verona.


Y asómate a los portales: detrás de muchos hay patios de palacio con escaleras de piedra y pórticos que no salen en ninguna guía.


comer, y volver de noche.
Verona se come bien y sin pretensiones: pasta fresca con ragú y un tiramisú en cualquier trattoria del centro. Después merece la pena volver al Ponte Pietra de noche. El puente romano fue volado en 1945 y se reconstruyó a finales de los cincuenta con los sillares originales rescatados del río. Pocas veces se ve tan claro que la piedra tiene memoria.






escapada: venecia y scarpa.
A algo más de una hora en tren está Venecia, y allí una parada obligada para cualquier arquitecto: la tienda Olivetti de Carlo Scarpa, en la Piazza San Marco. Piedra, agua y detalle llevados al límite. Le hemos dedicado una entrada propia: venecia. la piedra sobre el agua →

Rojo Alicantever piedra →
Rojo Coralitoconsultar
Rosso Levantoconsultar
Verde Alpiconsultar
Crema Marfilver piedra →
Negro Marquinaver piedra →


nada más.
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