— cuaderno · viajes · burgos · gipuzkoa · octubre 2026

el norte.
del bloque a la basílica.

Tres días en el norte con una misma pregunta: qué le pasa a la piedra desde que sale de la montaña hasta que se convierte en arquitectura. Una cantera en el Valle de Mena, una villa amurallada junto al Bidasoa y una basílica que escandalizó en los años cincuenta. Y la lluvia, que en el norte también trabaja la piedra.

texto y fotos: Ray Ródenas, arquitecto · octubre 2026

frente de la cantera de Arival, cortado en bancos verticales

la cantera.

La primera parada fue la cantera de Arival, the grey stone company, en Castrobarto, en el Valle de Mena (Burgos). Nos la enseñó el dueño de la empresa, y la primera impresión es de escala: la montaña se abre en bancos verticales de varios metros, con caras planas y aristas limpias. Antes de ser fachada o suelo, la piedra ya parece arquitectura. Un edificio al revés: aquí la arquitectura se quita, no se pone.

el frente de cantera con la luz de la tarde
el frente, con la luz de la tarde
bancos de corte en la cantera
bancos de varios metros
bloque recién cortado
un bloque recién cortado

Lo que más nos llevamos no es la foto del frente, sino lo que solo se ve de cerca. El color real de la piedra aparece en el canto vivo, donde el bloque acaba de romperse: casi negra, color cemento. Y cada bloque lleva la huella de cómo se sacó, con las marcas de la barrena todavía en la cara.

canto vivo de un bloque, con el color real de la piedra
en el canto vivo, el color real
marcas de perforación en la cara de un bloque
la huella de la barrena

En el parque de bloques se decide la obra: color, veta y tamaño, antes de que el material llegue al taller. Por eso vamos a cantera. Una foto de catálogo no enseña cómo cambia una piedra de un bloque a otro; el bloque sí.

la textura de la piedra, a un palmo
la textura, a un palmo
rueda con cadenas de la pala cargadora
máquinas a la medida del bloque
parque de bloques al atardecer
el parque de bloques
la piedra de arivalUna piedra gris, uniforme y tranquila, que se trabaja en once acabados, de pulido a abujardado o canto roto. Para fachadas, suelos interiores y exteriores, piscinas y paisajismo. ver la ficha de la piedra →

la muralla.

De Burgos subimos a Hondarribia, en la desembocadura del Bidasoa. La villa conserva su muralla, levantada con arenisca del monte Jaizkibel, que está a pocos kilómetros. Se entra por la Puerta de Santa María, con el escudo de la villa de 1694, y arriba espera la Plaza de Armas, frente al castillo de Carlos V, hoy Parador.

Llegamos de noche y con lluvia, y volvimos a la mañana siguiente con sol. Mismos sitios, misma piedra, y parecen otros. De día la arenisca se ve dorada y mate; mojada y con luz rasante, oscurece y saca toda su textura.

Puerta de Santa María de Hondarribia, de día
puerta de santa maría, de día
Puerta de Santa María de Hondarribia, de noche con lluvia
la misma puerta, de noche y mojada

En la Plaza de Armas pasa lo mismo con el suelo. De día, las grandes losas casi pasan desapercibidas. Mojadas, cambian de color: rojizas, ocres, verdosas. La lluvia es el mejor pulido que existe, y el más barato.

Plaza de Armas de Hondarribia, de día
plaza de armas, de día
losas de la Plaza de Armas mojadas, de noche
las mismas losas, mojadas
castillo de Carlos V, hoy Parador, de noche
el castillo de carlos v, hoy parador

En las calles del casco, de día manda el color de la madera de los balcones. De noche, con el adoquín mojado, la madera se apaga y la piedra brilla. Y el suelo tiene sus propios detalles: tiras de piedra que cosen el adoquín y marcan el camino.

calle del casco de Hondarribia, de día
el casco, de día
calle del casco de Hondarribia, de noche
el casco, de noche
tira de piedra en el pavimento de adoquín
una tira de piedra en el adoquín
«Elegir una piedra también es pensar cómo se verá con lluvia.»— lo que nos llevamos

arantzazu.

La última parada fue el santuario de Arantzazu, en Oñati, colgado sobre un barranco. En 1950 los franciscanos deciden construir una basílica nueva, y la firman Francisco Javier Sáenz de Oiza y Luis Laorga. El proyecto fue tan atrevido que la polémica paralizó durante años los trabajos de decoración. La arquitectura ya estaba en pie, pero su expresión artística tardaría mucho más en completarse.

La fachada es lisa, de piedra, y la enmarcan dos torres, igual que el campanario lateral de 44 metros. Las torres están hechas con bloques de piedra caliza tallados en punta de diamante: aluden al espino donde, según la leyenda, apareció la Virgen. De lejos es una textura; de cerca, cada bloque es una pirámide de piedra que no se puede tocar sin sentirla.

fachada de la basílica de Arantzazu entre sus dos torres
la fachada, entre sus dos torres
campanario de Arantzazu, de 44 metros
el campanario, 44 metros
bloques de piedra tallados en punta de diamante
la punta de diamante
mano sobre los bloques en punta de diamante
se toca con cuidado
arista de una torre en punta de diamante
la arista de una torre

Sobre la portada, el friso de los catorce apóstoles y, arriba, la Piedad: los dos son de Jorge Oteiza. El friso, labrado en piedra gris de Markina, la tierra del Negro Marquina, no se colocó hasta 1969. Las cuatro puertas de hierro son de Eduardo Chillida. Piedra, hierro y, dentro, madera: tres materiales que envejecen bien juntos.

friso de los catorce apóstoles de Jorge Oteiza sobre la portada
el friso de los apóstoles, de oteiza
puerta de hierro de Eduardo Chillida
una de las puertas de chillida
nave única de la basílica de Arantzazu
la nave, de 66 por 20 metros

Dentro, una sola nave de 66 metros de largo y 20 de ancho lleva la mirada al ábside de Lucio Muñoz, inspirado en el paisaje abrupto de Arantzazu. Las vidrieras son de fray Javier María Álvarez de Eulate, y los murales de la cripta, de Néstor Basterretxea.

ábside de Lucio Muñoz
el ábside, de lucio muñoz
vidriera de Álvarez de Eulate
la luz azul de las vidrieras
cripta con los murales de Néstor Basterretxea
la cripta, de basterretxea

lo que nos llevamos.

De la cantera a la basílica, el viaje deja tres ideas que aplicamos en cada proyecto. La primera: el bloque se elige en origen, porque ninguna foto enseña cómo cambia la piedra de un bloque a otro. La segunda: la piedra se piensa también mojada, porque el clima la cambia más que cualquier acabado. La tercera, de Arantzazu: un mismo material, liso o tallado, puede contar dos cosas distintas. La textura también es arquitectura.

atardecer sobre el santuario de Arantzazu
atardecer en arantzazu
mi lista rápidaUna cantera, siempre con cita previa · Hondarribia dos veces: de noche con lluvia y a primera hora, cuando el casco está vacío · la Puerta de Santa María y la Plaza de Armas · Arantzazu con luz de tarde (mira antes el horario de la basílica). Para la próxima: las canteras de Negro Marquina en Markina y la ermita de Arretxinaga, construida alrededor de tres rocas.
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